31 de enero de 2012

Una herida sin remedio

La muerte en vida. Un lujo que no podés darte, por tu bien y el de los demás.
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Una puñalada atravesó, en ese momento, mi pecho, despojándome de mi corazón, tanto el físico como el sentimental.

La herida en mi pecho, reciente, no detenía su sangrado. Y pronto, descubrí que todo era una metáfora de mi corazón roto, partido en mil pedazos, y dividido en millones de añicos, dispersos por cualquier lugar. Nunca los encontraía de nuevo.

Mi corazón, mi dolor, mis sentimientos... eran eternamente irreparables.

Y así agradecí, no haber sido una de ellos, porque el recuerdo de un sufrimiento tan profundo, me traicionaría por siempre.

Siendo humana, tal vez, un día sanara.