
Las heridas no cicatrizan con un perdón. El dolor es imposible de sanar cuando ya es tarde. La tristeza de su ausencia duele, hasta el último segundo. Las lágrimas no caen por la simple posibilidad de una esperanza habitante, y la fortaleza que obtuve durante mi sufrimiento.
Ahora ser firme es más fácil. Y dejar de llorar también. Nunca fue tan complicado un dolor, que el de su lejanía a nuestro hogar, ... su familia. Tanto tiempo de amor logra profundizar los sentimientos, y fortalecer los lazos.
Es inexplicable su desaparición. Es enorme el anhelo de oír de nuevo su voz, y sentir su hombro bajo el derrame de lágrima de mis ojos. El apoyo a cada momento difícil de llevar, y que esa persona esté a mi lado para superarlo junto a mí. Sentirse amado por ese ser que vio mi llegada al mundo,y más tarde comprobar que son más fuertes sus impulsos que el amor que se suponía que me dedicaba.
¿Como reemplazar a una parte de mi corazón, si nadie se le iguala? Imposible.
Y ese vacío del alma es, sin duda, el terrible dolor del que hablo.