Fue como la gloria ese momento único, en que tus ojos se fijaron sobre los míos con la profundidad que había soñado en más de una noche. Tus pupilas, intentando arrebatar la respuesta de una pregunta que jamás habría de responderte, o quizás sólo así me sentía yo.
Develar el misterio de tus ojos en aquella conexión fue lo mejor que pudo haberme sucedido.