1 de abril de 2012

- No les entraba tanto amor - .


Todos estábamos en mi casa. Él, Nazareno, Flor, Lucas, Melanie, Lázaro y yo. No me preguntes porqué, no tengo idea.

No había nada que hacer, más que permanecer tirados sobre sillones, camas o hasta el piso mismo, preguntando sin parar "¿Qué hacemos?" Aquella pregunta parecía no tener respuesta. Estábamos más que aburridos.

Así que, a sabiendas de que Nazareno y yo no teníamos jamás una charla sobre nada, quise entablar conversación. De cualquier forma, no tenía nada con él. Propiedad de Florencia. Era simplemente hablar de lo que se nos ocurriera. Finalmente, supe que no había caso. No le interesaba en lo absoluto ser amigo mío.

Chau, Naza. (?)

Caminé por el resto de la casa, sin saber qué hacer. Y él estaba ahí, sobre el sillón, haciendo zapping. ¿Por qué estaba tan cómodo? Pff.

-Hola- dije. ¿Qué mierda iba a decir si no?

De alguna manera que no recuerdo, todo siguió durante largo rato en una charla animada sobre todo y nada. Un tema llevó al otro, y así supe que entre nosotros algo había.

Y por fín, pude utilizar la estrategia que creía nunca poder ejecutar, porque era demasiado cobarde para decirle hola, chau, hablame o me encantás. Le pedí que me prestara la pulserita esa, la de Boca, porque eso era casi lo único que teníamos en común. Y me la dio, sin más.

¡Pobre! No sabía que yo no le iba a devolver el hilito de mostazillas azules y amarillas. Me había sorprendido muchísimo la rapidez con la que nos habíamos relacionado, cuando días anteriores me costaba tanto mirarlo sin que mis rodillas me fallaran ante la orden de caminar.

Pero claro, eso había sido antes de saber que todo esto era un simple sueño. Antes de ser consciente de que él ya es feliz, pero con otra.