1 de abril de 2012

Tú serás el cielo que jamás podré tocar.

No sé qué es lo que me pasa con vos. No sé. No entiendo. No te hablé nunca, y parece que fueras algo demasiado importante en mi vida, pero no es así. Nadie nunca me había dado una
sensación igual. Verte me causa una calidez extraña. Como s
i me estremeciera de locura. Pierdo la cabeza viendo tus ojos, mirándote. Tu mirada me cautiva, más allá de lo que sea. Pero tus actitudes son frías, opuestas al sentimiento que causas en mi. ¿Las razones? ¡Ni idea! Exploto de curiosidad. Quiero saber que necesito para que me veas.

Tu mejilla chocó contra la mía lenta, dulcemente. Fue raro. Tu mente parecía divagar cerca de la atmósfera de otro planeta, mientras que cada partícula de mi cuerpo temblaba por sólo tu contacto.

Tu ignorancia me enfurece. Tu imagen me congela. Pero tu calor se expande en mi interior si estas en mis pensamientos. Quiero escapar de tus ojos, p
ero me aprisionaste inevitablemente y sin intenciones de hacerlo.

¿Porqué depositan en mí tantas expectativas? Tu corazón le pertenece a otra persona, y nada puedo hacer al respecto. Esperar, quizás. No te quitaría la felicidad. Ni aunque pudiera, ni aunque quisiera. Ser inalcanzable es tu destino para mí. Y aunque no lo sepas, y ni tengas idea, yo te quiero. Sos alguien a quien no podría tocar ni por milagro.

En el momento menos esperado y menos oportuno, tu imagen se apareció ante mis ojos.

Entonces, era tarde para lamentarse.