El sol
penetraba la ventana, descomponiéndose en mil
destellos
dorados repartidos hacia todas las direcciones
posibles.
Una lágrima en su mejilla brillaba con la luz
natural del
exterior, producto de una herida profunda
que había
quebrado la pobre ilusión que se había
construido
involuntariamente. Para ella estaba claro
que el único
resultado de esperanza que nunca había
querido
crear sería ese, y tenía razón. Permanecía a
consciencia
desde hacía un tiempo atrás, del dolor que
significaría
arriesgarse a sentir, una vez más. Al menos
su mente lo
estaba . Pero su corazón no parecía ser
coherente
respecto a ello.
