Mi
ánimo bajó otra vez. Ni siquiera en el mejor de los días estoy
segura de mí misma. Como la Diabetes, mi felicidad pende de un hilo
frágil como el cristal, dependiendo de un nivel de autosuficiencia
que sube y baja descontroladamente y por sí sola.
Me
siento sola, como si nadie me quisiera. Como si todo mi entusiasmo y
esfuerzo por ser alguien que merece ser amada fueran inútiles. Por
eso me alegra mantener una esperanza por la creencia de que siempre
hay alguien a tu lado, aunque no puedas creerlo.
