Hay
que mantener esa sonrisa, alimentarla con valores que hay que dar a
todo, porque es notable desde cualquier punto de vista que mi vida no
tiene complicaciones ni motivos por los que llorar. Lo tengo todo y
en el fondo siempre lo supe y lo sabré. Las lágrimas son por
trastornos de adolescente, pero aún en esos momentos locos, sigo
siendo consciente de mi felicidad constante, aunque no tenga el mundo
entero, pero lo que tengo es un mundo.
