Cuenta las estrellas que encuentra cada noche en el telón negro que se exhibe a través de la ventana. Su cuerpo inmóvil, como congelado. Sus ojos negros y su sonrisa de simplicidad detenidos en el tiempo. Sus sentidos muertos, sin vida alguna. Eso sería imposible.
Sin embargo, no podría estar más viva.
En su corazón de felpa, las palabras nacen cada segundo como flores que crecen con el riego de sus emociones. Intentan expresar millones de soplidos que cosquillean siempre. Aún quieta como una roca. Después de la mentira, llora en su interior. Finge que no siente porque desea poder algún día tener otra opción. Pierde en el juego del amor, pues no tiene fuerzas, ni la lógica ni la realidad le otorgan un gramo de humanidad.
Su sueño es tener un alma.