17 de febrero de 2015

K A R M A

Me siento decepcionada. Justificaba toda la desilusión del amor diciendo lo egoístas y forros que son los hombres. Vivía creyendo que la maldad femenina era pura ficción de telenovela y que si un día me volvía lesbiana me iba a evitar todo el sufrimiento. Qué irónico, porque el hombre suele comportarse mal solamente en el amor, y la mujer tiene una arpía interior, envidiosa y perra que se contrae con todo lo que se le cruza y le amaga a tropezar.

A veces me sorprende ser tan inocente. Me resulta inimaginable lastimar a la persona que amo y creo que hacerlo sería cargar con una inmensa culpa que no necesita por qué existir. Yo tampoco la requiero. Sin embargo, vivo en un mundo plagado de intereses propios que pisotean y destrozan lo ajeno, sin importar nada. Todo comenzó con el primero de los dolores, el resto es despecho, venganza y prevención que se propaga. Parece una enfermedad que se pasa mediante la saliva. ASCO.

Me siento estúpida cuando admito que andaba lamentándome por mi amiga, por el final de su relación y por la gran mentira que vivió estos meses con un pendejo totalmente inmaduro, indeciso y mujeriego. No obstante, ella me dice en la cara cuánto se merece las cosas que vivió por responsabilidad del pibe. Ahora sí que él me resulta un santo. No puedo creer que ni siquiera se pueda confiar en una simple mujer.

A veces me siento la oveja negra. En este rebaño todos tienen careta. A la vuelta de la esquina siempre hay un cornudo y cruzando la calle está el que te los encaja a vos. En fin, es todo un gran pañuelo lleno de moco verde cuya viscosidad arrastra por todo el mundo a las personas vulnerables y las hace caer en la consistencia de la mierda.

Qué ganas de ser de otro planeta.