Conozco personas soberbias y tercas que creen que sus palabras son sagradas y que tienen toda la razón. Muchos están equivocados, a pesar de que se basan en sus conocimientos y experiencias de vida. Escuché por ahí que en la adolescencia no es bueno estar de novio. Por lo que yo viví, podría decir que tiene sus lados malos, pero siempre y cuando uno sepa manejar la situación, no hay problema en vivir algo tan mágico. De todas formas, no estoy afirmando que sea algo definitivo ni adulto. De hecho, es casi imposible que se prolongue por toda una vida, ya que estamos hablando de la etapa en la que uno está en pleno desarrollo de su madurez en general. Sin embargo, no veo motivos para evitarlo, porque la vida se trata de sufrir y sonreír. Escaparle es sólo perderse de ello.
Ante estos pensamientos y expresiones de estos seres llenos de terquedad, me replanteo mi situación. Me encuentro en una relación amorosa teniendo 18 años desde hace 2 y algunos meses. En medio de todo el proceso obviamente uno siente decepciones y dolores puesto que los errores nunca faltan. ¿Es razón para correr en dirección contraria? Mi opinión: después de haber vivido grandes heridas que por el momento siento están curadas, veo la necesidad de aprender a perdonar a las personas porque así es como conseguí volver a sonreír. Y aunque nunca se es el mismo de antes, entiendo que es ése el sentido de la vida y la razón por la cual estamos en constante cambio.
La infidelidad es un factor determinante por completo, y estas personas soberbias que están en su contra obviamente, se oponen al perdón. Es por eso que quizás nunca sean felices y se pierdan de grandes amores por no comprenderlo.
Y si hoy me preguntan por qué perdonaría, o mejor dicho, por qué lo hice, por qué permití que perdure, respondería que por el contrario a lo que piensan, no quisiera deshacerme de una persona que me hace mal, sino conservando a una que siempre me hizo bien, a pesar de haber cometido algún que otro error. Atención, no estoy diciendo que haya libertad para lastimar al otro o que eso sea un detalle mínimo, sino que hay que observar qué es lo que pesa más en la balanza.