29 de mayo de 2016

Confianza, honestidad y libertad.

Te quiero tanto... Tanto, que mi adolescencia se marcó con tu risa, a la vez que cometía mil errores tontos de los que hoy me arrepiento. Me equivoqué mucho. Pero te quiero tanto que quisiera poder borrar esas tristezas de tu corazón y que sientas en él que no te fallaría, que realmente te respeto. Te quiero tanto que perdí la noción del bien y del mal, de lo correcto y de lo incorrecto, de lo verdaderos y de lo falso. Y te devolví la confianza que perdiste. Te quiero tanto que me fui olvidando de lo que quería para mi vida, por complacerte. Y así me manipulaste.

Hoy, todo lo que me dijiste siempre es una creencia sagrada para mí. Sin querer, mis ojos se abrieron y vieron lo que estabas haciendo conmigo... Sin intenciones, entendí que estamos haciendo muchas cosas mal. Y decido darte lo mejor de mí, y a cambio te propongo darme lo mejor de vos. Ambas voluntades para ir hacia delante juntos. Recibo agresión, que me indica todas las veces anteriores en que la obtengo como respuesta. Comprendo finalmente que estamos basando este supuesto amor en pura violencia. No es nada sano.

Quiero empezar de cero poniendo todo de mí. Porque me niego a terminar esto. Porque no quiero aceptar que no podemos cambiar. Porque mis sueños con vos son parte de mi vida cotidiana.
Pero necesito garantías de que voy a tener suavidad terrenal, de que vamos a querernos sincera y libremente.

No quiero que me cortes las alas. Si sentís algo por mí, no lo vas a hacer más. Y si te negás tendré que asimilar nuestro fin.

No quiero cortarte las alas. Porque lo hice y te vi hecho pedazos, y al borde de perderte y en tu completa soledad, sólo al límite, pude ver lo que te hacía. Y me destruyó.

No quieras pasar por lo mismo que yo. De todas maneras aprendí, y no te voy a dejar hacerme lo que te hice, porque me dolió sobre todo que amarte tanto fuera tan peligroso.