23 de agosto de 2016

Yo también creí que olvidar era simple. Que había un vacío objetivo que rellenar. Que no hacía falta más que dejarlo atrás y avanzar.

Me engañé, y con el tiempo yo misma me demostré que no era lo mismo cualquier piel, que no necesitaba un reemplazo para los espacios incompletos. Sólo tiempo, tiempo para liberar lo sucedido hasta el momento. Escribir una nueva página, sí, pero ignorando por un rato el asunto del amor.

Lo que me negué hasta última instancia fue cuánto lo quería. Finalmente entendí que decidir alejarme no era suficiente para arrancarlo de mi vida. Que iba a costar lágrimas, confusión y suspiros. Que en el trayecto decaería y sentiría esa necesidad de regresar, olvidando por un segundo que no era para mí, a pesar de tenerle ese cariño.

Son las cosas que logra el cansancio, las ganas de escapar. La historia no termina con sólo definir.