Ella era hermosa. Una chica envidiada por miles. Su personalidad era valiosa. Su actitud, atrayente. Su condición social, perfecta. Su mentalidad, adulta. Y además, estaba llena de cualidades.
Pero... no todo es lo que parece.
Él la dejó. Y ella se quedó sola. A la deriva de un destino que la llevaba al fracaso. A pocos pasos de ese abismo negro, que le atraía como imán: la demencia.
Él era todo para ella, pero ella no era suficiente para él. No se sentía cálido en sus respiros, aunque su aliento fuese helado. No hubiese dado la vida por ella, si de él hubiese dependido elegirse o elegirla.
Y eso lo destruyó.
Se transformó en el punto rojo, en medio de una circunferencia negra, fina y plana, que prometía todo, y engañaba. Al final, no daba nada.
La circunferencia le provocaba impotencia. Lo burlaba y repetía una y otra vez que había sido un tonto por haberle creído. Él se arrepentía de haber caminado tras ella, confiándole su todo.
Todo esto... era sólo su ilusión. En realidad, ese contorno circular, le ofrecía una vida entera, llena de todo lo que él pudiese pedir. Pero él estaba cegado. Ya había caído a gran agujero perjudicial.
Demencia.
Las ilusiones le hacían sentir tristeza, dolor, depresión, soledad... y él no los soportaba más. Quería liberarse de esa molestia. Que se largara y lo dejase vivir en paz.
Y para ello... sólo había una solución. Muerte.
Fue así como la abandonó, por su obsesión de querer conseguir compañía, cuando a su lado la tenía. Encontrar un lugar en el inmenso universo para sentirse en casa, cuando su hogar lo ofrecía.
Sólo entonces, luego de arrojar por la borda su vida entera, supo lo que había hecho. Que, sin haberlo sabido, ella era esa fiel y fuerte cuerda que lo mantenía vivo y de pie sobre la Tierra.
Lo había perdido todo... y ahora era su turno, el de ella.
La demencia iba en su busca, por arrancarla de su preciada vida, que se desmoronaba ante la ausencia de él. Quería encontrarlo... y si la demencia lo tenía, ella iría allí.
Pero también se equivocó. No lo logró. Lo perdió. Ahora ya no tenía nada. La habían despojado de su mundo, la razón de su existir.
¿Qué sentido tenía la vida sin él?
Ninguno.
Conclusión: Seguirlo... hasta la muerte.
Mi amor, voy a encontrarte. Donde quiera que estés. Y si ese lugar es el infierno, hasta allí iré.