
Mi mano temblaba, junto a mis dedos, en torno al objeto. No me debatía entre arrojarlo o no a través de la ventanilla del vehículo, porque obviamente era una idea idiota, completamentedescabellada e irracional.
Pero, por alguna razón, mi mente reproducía las estúpidas ocurrencias que surgían al instante. Tal vez, sin estar consciente en el momento de la reproducción, un impulso lo hiciera sin mi consentimiento.
Se trataba de una desconexión de mi mente, de la realidad. Una exacta desvinculación con la cordura que en algún momento había poseído.
¿Acaso no la recuperaría jamás?