
Estaba en un mundo, atascada, muchas veces había dicho 'paren el mundo, me quiero bajar' y muchos se reían, no entendía a qué se debia su risa, pero lastimaba mi orgullo y me hacia sentir insuficiente. La tierra nunca había sido un lugar habitable desde mi punto de vista, por la única razón que yo no había desaparecido aún era por cobardía. No entendía muchas funciones del Universo, y mi cuerpo se resignaba a hacer lo que este mismo me obligaba, estudiar, graduarse, trabajar, casarse y ser feliz. Esos no eran mis planes, cada vez que había tratado de sentar cabeza en algún acto que se clasificaba como bueno, había fallado. Muchos derrotaron mis paredes de fortaleza y cavaron un pozo en mi pecho, haciendome sentir flácida, sin peso.
Sin alma, tal vez.
Pero a cierto punto de la vida, aunque la mía no era larga, comprendí que el adolescente (no aceptado del todo en la raza humana) exageraba o se expresaba demasiadamente abierto y eso hacia que de una mancha muy pequeña se ensancháze hasta ser grande. De la misma forma que cuando la mancha era muy grande, el adolescente trataba de disminnuirlo hasta hacerla casi invisible.
Y así ibamos, como locos, festejando el día a día de una manera diferente. Buscando dolor, comprendiendo caminos. Excluidos del mundo, de la misma naturaleza. Creando nuestro rumbo.No sería una sola ruta, sino una infinidad de estas, por las que cada ser que estaba viviendo mi misma etapa, deambulada, intentando comprender el significado de sus existencias. Más de una vez había intentado escapar de esa mala rutina, disfrazándome con caretas de un mayor. Eso jamás había funcionado. De cualquier forma, terminaba por rendirme ante el plan que había conformado con mi escasa madurez. No me sentía capacitada para usar los zapatos de alguien mucho mayor que yo. Me quedaban enormes. Y eso era, porque no podía fingir ser la persona que reflexionaba cada respiro, consciente de cualquier paso en falso. Yo no era eso. Y finalmente, decidi no quererlo tampoco. Me costó millones de lágrimas, pero por fín entendí: la adolescencia consiste en tener miles de locuras, reir, llorar, gritar, enfurecerse, sentir amor, odio, bronca, y toda esa mierda que cualquiera pasó a tal edad. Ataques de rebeldía que se transforman en el supuesto peor día en la vida. No debería haber deseado crecer, dejando que mi niñez, mi infancia completa de disolviera entre mis manos, como la arena filtrándose por su delgadez, y yo ni siquiera le prestase atención. Perdía la mayor parte de mi vida. Aquel reino en que nunca moriría. Y la dejaba escapar, como si cualquier persona hubiese podido poseer la hermosura de ser un niño. Como si todo el mundo hubiera sido capaz de ser feliz siendo alguien que apenas comprendía las cosas.Mi perspectiva me indicaba las cosas, como un instinto animal, pero humano. Me decía que todo lo que digan aquellos extraños humanos apodados mayores, yo debía hacer lo contrario. Siempre intentarían dominarme, como dominar el mundo, y todo lo que los rodeaba, pero no iba a comer el anzuelo, iba a ser más inteligente y solo comer la carnada sin que me atrapen.
Era difícil en aquellas instancias poder confiar en alguien, solia sentirme sola a diario. Pero sabia que no conocía realmente la soledad, y , debido a eso, solo rezaba para que el día termine.
Un día, parecido al otro, nada cambiaba.
Cuántas veces había cometido actos de 'amor' en los que había entregado mi corazón y me habían desepcionado, lo rompieron, lo quebrantaron en mil pedazos y me lo devuelven como si ellos no tuvieran la culpa.
Un día, parecido al otro, nada cambiaba.
Cuántas veces había cometido actos de 'amor' en los que había entregado mi corazón y me habían desepcionado, lo rompieron, lo quebrantaron en mil pedazos y me lo devuelven como si ellos no tuvieran la culpa.
Mi corazón no es de hierro, tampoco yo lo soy, puedo ser fuerte, pero no en cuanto rompen mis preciadas emociones, mis ilusiones más bien guardadas. Cada sueño, cada momento guardados en mi subconciente con la intención de salir y gritar.
De esto trataba el asunto, de perder, caer mil y un veces y levantarse mil y dos, de esto, de desafíar el destino, desafiar la vida, sonriéndole a todo mal. Con la rebeldía única que poseíamos los adolescentes.
De esto trataba el asunto, de perder, caer mil y un veces y levantarse mil y dos, de esto, de desafíar el destino, desafiar la vida, sonriéndole a todo mal. Con la rebeldía única que poseíamos los adolescentes.
Porque sabia que hasta ese instante, esa época de mi vida, nunca había sido tan libre. Preciada libertad.
Deen y Barr.
Deen y Barr.