3 de marzo de 2012

La piel de alguien más


Es como un laberinto.

Busco un nuevo camino, desesperada por acabar con mi realidad. Al menos olvidarla. Pero es imposible. Cada sendero me conduce hacia el mismo lugar. Incluso juego sucio, escapando por escondites desconocidos. Sin embargo, continuo presa en las decisiones de mi propia persona.

¿Habrá detrás de los muchos caminos, alguna meta a la que quiera llegar?

Me pregunto si mi cordura se mantiene en su lugar, mientras me desespero por adentrarme en una nueva persona. Su piel, sus zapatos. Alguien más. Pero no yo.

Quiero sonreír, al encontrarme con el producto de mi utilidad, si es que aún está vigente, si aún no estoy cegada por la crueldad de un mundo doloroso.

Quiero llegar a algún lado, siempre que no sea el mismo punto de partida del que despegué. Anhelo el tacto de las ilusiones tramposas. Eran falsas, pero al menos cubrían lo que no me hacía bien mirar. Me engañaban, pero eso me gustaba.

Ahora, no hay remedio para reparar mis heridas, y eso me perjudica ante cualquier intento de escape.

Es implacable el encuentro conmigo misma.