
Sólo pasaba por allí, aunque a decir verdad, sólo quería verlo. Me había vuelto adicta a él, a su rostro, reacciones y todo lo que tuviera algo que ver con él.
Otro de mis ataques de autismo había llegado. Era de esas veces en las que yo me mantenía ausente mentalmente, mientras todos hablaban como cotorras. Era extraño, pero me sucedía con frecuencia. Y no me preocupaba. Parecía ser algo referente a mi personalidad.
Entonces Paseé la mirada inconscientemente por el patio inmenso. En algún momento dejó de ser algo inconsciente, y empecé a buscarlo entre la gente. Sabía que él estaría por ahí, en algún lado.
Y lo vi justamente cuando estaba mirándome.
Me quedé helada. ¿Por qué me miraba tanto? ¿Es que soy tan fea? ¿O todavía no se había cerciorado de que sí, era yo aquella chica que había visto meses atrás?
Ni idea. Pero me estaba mirando. Eso era todo lo que le importaba a mi necia, necia cabeza. Creer que para él era alguien atractiva. Aunque no era muy probable, tampoco era imposible.
Debía admitir que amaba sus ojos, su mirada y que los dirigiera en mi dirección. Aunque todo fuera una falsa ilusión, no era producto de mi imaginación que me mirase. Podía ser por la razón más cruel del universo, eso no importaba.
Pero él me había mirado.
Y por supuesto, era un secreto entre mi mente, mi conciencia y yo. No podía decirle a nadie; todos iban a juzgarme. Mejor me callaba. Ni una palabra. Al menos hasta que tuviese la valentía de averiguar el motivo de sus miradas misteriosas.