21 de junio de 2012

Fuerte como un león, y un ángel de rudeza.



Querido León, ángel recién concebido. Tus sonrisas y tus miradas, que enamoraban a cualquiera que te admirara, siguen ahí, pegadas a tu rostro. Sé que estás allá, al lado del grande, cuidando a tu familia desde el cielo. Confío plenamente en que tu llegada, tu paso por la Tierra, no fue más que una gran santificaión, una bendición, para hacer abrir los ojos a tanta gente ciega ante estupideces. Estoy segura de que valorar la vida será cosa de todos los días a partir de ahora y no tiene porqué ser de otra forma. Gracias por estar en el firmamento, mirando.