18 de julio de 2013

Paredes verde limón.

Un grupo de personas se retiraba del departamento. La dueña de casa, mejor dicho, quien alquilaba el lugar donde vivía, se despejó del alboroto de una visita grande para un lugar no tan semejante. Entró en la habitación y cerró la puerta. Las paredes verde limón, claras e iluminadas por la luz del sol de una tarde primaveral recién comenzada después del almuerzo, que entraba por la ventana con cortinas de seda blanca, eran escenario perfecto para la sonrisa de la joven de veintiséis años, aproximadamente. La luz natural era quien siempre la había hecho sonreír cuando hubiera o no oscuridad.
Se sentó sobre la cama y levantó la mirada. Todo era perfecto.
Él entró segundos después en la habitación. De su misma edad, tenía unos ojos amarronados oscuros y facciones dignas de un niño que crecía sin abandonar la alegría característica de la infancia. Era, a los ojos de su pareja, lo más dulce y lindo que había sucedido hasta donde llegaba el transcurso de su vida.
Cerró también la puerta, como si alguien fuera pudiese invadir la privacidad que tan bien los acunaba a ambos.
Sólo se miraron. Eso fue todo. Todo lo que bastó para decirse lo mucho que se amaban, lo imposible que sería seguir sin el otro.
Él la besó, y fue muy claro cómo seguirían las cosas.
Una hermosa y placentera mezcla entre amor puro y pasión los llenaba. Eran el uno para el otro. Sin duda, habían encontrado a aquella media naranja que compartía en absoluto todas las creencias relacionadas con amarse hasta el fin y con pasión.
Sus besos no tenían comparación en aquel preciso instante en el que todo el asunto se volvía demostrar lo que en verdad sentían por el otro. No había forma de explicarlo más que con todas las expresiones que habían elegido darse.
Supe que era mi alma gemela cuando sus cuerpos quedaron por completo desnudos y su timidez no fue barrera frente a lo que querían llevar a cabo, algo particularmente propio de su personalidad. Todo lo que pobló su mente fue el sentimiento que fluía de sí al estar con la persona con quien mutuamente se merecían y entregaban.

Es justo ahí, cuando ves que todo está tan bien, que pasa a dar evidencia de lo irreal que puede llegar a ser la situación.

Si todo es tan perfecto, algo no está bien.

Al momento de comenzar con su demostración apasionada, no sintió nada. No sentí nada. Así fue que mis brazos lo buscaron entre las sábanas de la inexistente cama de dos plazas en medio de las paredes verde limón que tan bien le hacían.
Caí en la cuenta de que, en un abrir de ojos, estaría otra vez en mi normal y para nada mala realidad, porque dicen que la perfección nunca será más que un sueño.

No estoy de acuerdo. El amor puro existe, a pesar de ser tan escaso. Sólo es cuestión de encontrar a quien pueda darlo como uno lo necesita, y a la vez poder entregar todo eso que sentimos, darlo todo por quien da todo por nosotros.

La perfección será más que un sueño ese día que encontremos al ser humano que cumpla nuestras expectativas y aún más. Que nos entregue el todo en un 'te amo'.

¿Y por qué el sueño? Serán esas ganas de amar, de ser amado, las que a veces nos llenan las exigencias vacías de lo que en verdad queremos y aún esperamos. No tiene sentido buscar tanto, porque al fin y al cabo, podemos toparnos con la desilusión. No es algo que se pueda evitar sin buscarse, pero puedo asegurar y apoyar la idea de que, si llega solo, llegará en el momento indicado, con la persona indicada y serás muy, muy feliz.