29 de septiembre de 2013

Finalmente llegó esta etapa, la que me va a costar olvidar, pero ni en sueños intentaría hacerlo.

Creo que es la mejor de mi vida. Nunca estuve tan plena, tan feliz, aunque obviamente nunca se está del todo bien y siempre hay algún detalle que retocar para ser mejor y sonreír más. Fuera de eso, mi vida es un 10. Vivo sin pensar mucho, lo cual algunas veces me juega en contra, pero es mayormente algo que me favorece. Estoy haciendo algo más que sólo existir, mucho más que eso. Encuentro oportunidades cada día para seguir estando bien y continuar descubriendo el camino al que llamamos "vida".
Y, a pesar de que extraño tener mariposas en la panza por algún idiota, entiendo que a partir de ahora va a ser más difícil volver a sentirlas, y que aunque quiera que regresen, lo mejor es esto: que me encuentren si me quieren. Yo mientras tanto me adapto al bienestar que me da la adolescencia. La satisfacción, la realidad, los sentimientos a flor de piel. Las oportunidades, la facilidad para ignorar los hechos que así deben de tomarse, aunque, no obstante, se aprenda de a tropezones a cómo seguir.
Y, bueno, no hay mucho más que decir. Sólo pido que nada me haga cambiar mi estado. Al menos no por un largo tiempo.
Pido saber elegir, tomar buenas decisiones y conocer antes de juzgar cada cosa. El bien de mis amigos, mi familia y un detector mental de gente falsa.