3 de octubre de 2013

"depresión", mejor dicho... oscuridad.

Mi oscuridad es como una semirrecta: tiene un principio y un final, del que se desplaza hacia su extremo, ida y vuelta, repetitivamente y sin cesar.
No hay problema que no intente ahogar con las cosas que me gustan, para, al fin y al cabo, olvidarlas, distraerme de ellas y continuar conservándolas en mi vacío.

Tengo el vacío. Pero es un vacío lleno. Lleno de todo lo que odio, de lo que me da rabia. Lleno de lo que usualmente llamo "depresión", aunque la verdadera definición sea oscuridad.
Mi vacío está lleno de oscuridad. En la oscuridad no ves nada, sin embargo hay de todo. Y, al tener la incapacidad de observarlo con los globos oculares, precisamente están claramente definidos ante los ojos de mi alma. Son tan precisos que aún mejores que los reales, los del cuerpo humano.
Con ellos, y su altísima definición, puedo tener en cuenta hoy más concisamente que nunca toda mi oscuridad: lo que veo frente al espejo, arriba y abajo. Lo que soy como persona. Lo que me duele, lo que no hago, y lo que hago equivocándome. Lo que me lastima y lo que me raja tajante el corazón. Mi oscuridad se oculta en sí misma en las escasas luces, únicas capaces de calmarla. Mi voz, la música, la escritura, y otras estupideces que sólo logran hundir un poco más profundamente todo lo que siento y jamás expreso ni intento analizar por miedo a caer en manos de la oscuridad.

Pero hoy es un día diferente. Hoy seré más breve y sincera que nunca conmigo misma.

Te miro. Te miro y te comparo. Simplemente encuentro defectos y ni un poco de altura para alcanzar ese rango más alto que vivo queriendo intentar a pesar de no saber cómo, ni hacerlo. Sólo deseo romperlo, las ganas de tirar algo para quebrar la imagen se vuelven insoportables. Nada que me guste hay frente a mí.
Mucho menos en mis palabras y mis actitudes. Si hay algo que detesto es ser una cobarde, no tener coraje para enfrentar las cosas cuando es necesario, no saber luchar por lo que realmente muero por obtener. No tengo frente, no sé pelear. Y eso es lo que peor me hace y más me destruye en mi interior.
Porque no sé avanzar, entonces me estanco, y así continúo guardándome el odio, la rabia y el sentimiento de injusticia por nacer como quien soy. Conservo mi simplicidad, finjo que nada importa y termino por convencerme a mí que todo da igual, que me acepto tal cual soy y que hay que dejar todo detrás.

Pero no. Sólo me repito, en lo más profundo donde nadie oye, que no consigo nada de lo que quisiera, que vivir para mí es existir con lo que puedo.

Finalmente, entiendo que no es el fin del mundo, y no soy todo, pero tampoco soy nada. Que al menos algunas cosas sí son positivas, que debo seguir hasta crecer tanto, que mi brillo opaque mi oscuridad y se termine la misma.

Y concluyo confirmando que la vida es una, y tiene más de lo bueno que de lo oscuro, por lo que tengo que dar siempre lo mejor de mí.