1 de octubre de 2013

injusticias

"Así es la vida".

Dura, pesada. A veces, insoportable. Es difícil aguantarse el llanto cuando sentimos dolor. Pero algo nos hiere, y la punzada de sufrimiento debe calmarse, al menos por unos segundos. Y si tiene que ser a lágrimas, nada lo impedirá.
Nos llenamos de dudas, preguntas sin respuesta e incógnitas imposibles de aclarar, creyendo que pueden llegar en algún momento preciso. Sin embargo, no. No todos los interrogatorios son respondidos, a pesar de que así lo deseemos. Muchas cosas son así porque sí, y ya no hay vuelta que darle. Pero el ser humano no lo acepta. ¡No! Necesitamos el porqué de las cosas, cada una de sus razones concisas y despejadas. Nada de titubeos ni de 'no sé, no importa'. Nuestra naturaleza nace de la misma nada como contestación a la eterna teoría del Big Bang, y no existe ente alguno que pueda devolver eso que lanzamos transformado en el sentimiento de satisfacción que nos llena al entender.
Eso es el ser humano: comprensión pura. Y es justamente lo que hace falta hoy, entender. Poder captar la esencia de un origen y tomarlo con fuerza hasta grabarlo sin ademanes a nada.
Federico fue producto de su madre, como cualquier persona normal. Su sangre viene de la fusión de sus progenitores sin razón. ¿Acaso alguien puede dar explicaciones de cómo logra causarse eso?
Años más tarde, unos nueve, la misma vida que lo trajo se va, y no se lo lleva consigo.
Lágrimas caen en mis mejillas. No sentiré nunca en carne viva la exacta situación del pequeño chico, no obstante no deja de herirme esta injusticia de la vida, de ser miserable al punto de abandonar a su propio efecto.
Aún con dichas palabras, siento que lo peor de todo esto está en la pregunta incontestable del porqué, del cómo pasó y quién ordena que así sea. Pero, por sobre todo, de cómo puede estar presente la sensación de que todo sucede de un día al otro, y una vez a este punto, tener que obligarnos a aceptar que sí, simplemente fue como se dieron las cosas y no hay forma de hacerlo. Un día es así, y al otro simplemente ya no. Algo dejó de repetirse y se interrumpió. A la cruel vida no le importa si sólo tuviste una única oportunidad para vivirla, te la arrebata sin más, y es sorda a todos los reclamos que puedan llegar a escapársete.

¿Quién vive en paz sin la respuesta a las dudas? Nadie. Enterrarlas no es omitirlas. Es injusto que nadie pueda elegir su destino y que será de los hechos que se resuelvan para él. En directo se desenvuelven y nos toman por desprevenidos. Pero será tarde, porque la injusticia no da sólo una vez.