23 de enero de 2015

A una semana de la peor fecha de cada uno de mis años, sigo llorando después de cuatro cortos meses por la puñalada que sentí en la espalda apenas me di la vuelta. Sigo sin saber cómo tomarme los hechos. No sé si algún día la herida se va a cerrar. 

Sólo sé que nunca más voy a volver a ser la misma persona que fui.

Arden las heridas, arde la traición.
Arden las mentiras, van directo al corazón.