22 de noviembre de 2016

Hace unos seis meses, a las 6.14 estaba preparándome para tomarme el colectivo hacia la facultad. Hoy me estoy acostando después de ub eterno día con mis compañeros de la academia de canto. Volví a casa corriendo para acostarme temprano porque quiero levantarme temprano para leer un libro. "La metamorfosis".

Cómo cambia todo. Cómo pasa el tiempo. Cómo da su fruto cada uno de los sacrificios.

19 de octubre de 2016

Conoceme y comprobalo.

Tu inteligencia me atrajo como imán.
Tu humor.
Esas pestañas espesas sobre una mirada especial.
La idealización de lo que podría suceder en tu cabeza.

Sos una fantasía mucho mayor.

Nunca antes había querido llamar tanto la atención de alguien.

13 de octubre de 2016

Tengo todo lo que quiero conseguir por mí misma. Sin embargo, me invade la angustia. Me falta motivación. Me siento sola y sin nadie en quien confiar. Pero reconozco que mi cabeza es un quilombo y que eso me impide estar en paz con los demás.

26 de septiembre de 2016

F

Podrán pasar meses, años, lustros y décadas... nunca dejarás de ser esa hermosa pureza que guardo en mis más preciados recuerdos. No olvidaré esa mirada de debilidad que a pocos has enseñado, ni la forma en que alguna vez te abriste de par en par para mostrarme tu mundo y contarme todos tus secretos. Cuánto agradezco haber podido acompañarte en cada una de esas cosas, y haber tenido tu confianza en mis manos, haber podido ser única para cuidarte y amarte. Haber soñado a la par tuya tantos proyectos, tantas ilusiones. Haber crecido tanto a tu lado.

Jamás dejarás de ser esa desnudez limpia acostada a mi lado, esa piel tersa y esos ojos entregados. Jamás dejaré de quererte después de haberte amado tanto. Suertuda quien te tenga para siempre, quien comparta todo lo que me dejaste ver en vos, y más... todo aquello que yo te haya enseñado.

29 de agosto de 2016

¿Por qué llegaste tan tarde? ¿Por qué no pudiste valorarme cuando estaba dispuesta a jugarme todo por vos? Te odio tanto

28 de agosto de 2016

Todavía tenés esa capacidad de cambiar mi mundo en un instante. Lo supe cuando leí tu mensaje y de repente te empecé a ser fiel sin decidirlo.

24 de agosto de 2016

Una mezcla de inteligencia, humor, libertad y literatura.

El cansancio pesa sobre mis párpados. Quiero llegar a casa y descansar. Frente a mí viaja un hombre con su guitarra enfundada y un largo sobretodo. Ya hace calor para llevar esa cosa puesta, pienso. Lo miro, tan maduro y fuerte, y pienso en el amor. Me corrijo porque temo que mi vida gire en torno a eso y mi mente cree ficciones románticas en cualquier momento y lugar. Eso es volar demasiado alto.
Por suerte llego a mi estación y me bajo del tren. Camino por los túneles y paso cerca de una escalera donde un chico espera a alguien. Entonces lo imagino a él, buscándome, sabiendo dónde y en qué horario encontrarme. Proyecto cómo me reconoce de espaldas y corre tras de mí. Veo el reflejo de mis piernas en el vidrio de la baranda. Recuerdo que me las halagaba y ligo eso a la fantasía de que podría encontrarme fácilmente si me observa. En la escalera mecánica oigo al violinista apasionarse un piso abajo. Mientras bajo, alguien sube y me clava su mirada. Se la devuelvo por instinto. Quién sabe qué sucedede en la cabeza dueña de esa larga barba. Quizás comparte mi creatividad de novela. Pienso en el amor. Pienso en que algún día alguien así me corresponderá. Nos desencontramos porque así lo quieren sus pies apresurados y los míos entregados al escalón mecánico.
Llego al nivel del violinista. Una mamá y su hijita de detienen a observarlo. Él mira a la chiquita animado, dedicándole su feliz música. Ella se intimida y se esconde detrás de las piernas de su madre. Sonrío y sigo adelante.
Al bajar las escaleras me siento sobre el suelo a esperar el siguiente tren. Del lado de enfrente hay dos oficiales. Pienso en él. Pienso en que siempre lo busco debajo de esos trajes negros y chalecos fluorecentes. Pienso en el masoquismo de recordarlo. Pienso en el riesgo de la falsa esperanza de volver en un futuro, cuando cambiemos para bien, siendo una ilusa al ignorar que también toda ventaja trae un rasgo negativo. Nunca funcionará, me repito en mi cabeza, sin dejar de aceptar cuánto lo quiero a pesar de todo. Sin negarme que no dejará de ser parte de mi historia.
Lo hecho, hecho está.
Suspiro y me digo que soy feliz.

23 de agosto de 2016

Todo pasa.

Todo pasa. Lo entiendo cuando veo quién soy hoy y quién era hace algunos meses.

Soy tan feliz. A veces cuesta reconocerlo. Lo noto cuando lucho sin rendirme por lograr algo, cuando me esfuerzo por controlar mis emociones.

Se lo debo a mi familia, a mis amistades verdaderas, al destino que me puso en el camino personas y experiencias increíbles.

Me lo debo a mí, que día a día me torturo por conseguir ser mejor.

Yo también creí que olvidar era simple. Que había un vacío objetivo que rellenar. Que no hacía falta más que dejarlo atrás y avanzar.

Me engañé, y con el tiempo yo misma me demostré que no era lo mismo cualquier piel, que no necesitaba un reemplazo para los espacios incompletos. Sólo tiempo, tiempo para liberar lo sucedido hasta el momento. Escribir una nueva página, sí, pero ignorando por un rato el asunto del amor.

Lo que me negué hasta última instancia fue cuánto lo quería. Finalmente entendí que decidir alejarme no era suficiente para arrancarlo de mi vida. Que iba a costar lágrimas, confusión y suspiros. Que en el trayecto decaería y sentiría esa necesidad de regresar, olvidando por un segundo que no era para mí, a pesar de tenerle ese cariño.

Son las cosas que logra el cansancio, las ganas de escapar. La historia no termina con sólo definir.

18 de agosto de 2016

No encuentro el motivo, pero reconozco que a veces no siento la motivación para dar más de mí, poner más voluntad para superarme. Un día como hoy, en que me siento enérgica y positiva, logro desplazar las emociones negativas para aclarar mi cabeza y entender qué hace falta.

Quiero poder controlarme siempre. Pensar antes de hablar, priorizar la superación antes que a la desmotivación, remar más. No ir por el camino fácil.

Día 2: un fragmento de mi autobiografía con mentiras...

En mis cortos dieciocho años de vida, viví veranos espectaculares. No me puedo quejar. Y es por eso que me duele tanto cuando uno de ellos no cumple con mis expectativas.
Hace algunos años, me fui de viaje con dos amigas y los padres de una de ellas. No nos tocaron los mejores días de sol, y por eso pasábamos tanto tiempo encerradas con helado y películas. Algunas noches salíamos a bailar. Como éramos más chicas, nos costaba conseguir que nos dejaran pasar. Yo tenía novio, ellas no. De a ratos se iban con algún chico, y a veces no sabía dónde meterme cuando me dejaban sola. Así conocía gente con la que me quedaba hablando para hacer tiempo. De todas formas la pasaba muy bien.
Una de esas noches, salí al patio del lugar, nuevamente sola. Me apoyé contra la pared y agarré el celular de la cartera, tendencia de adolescente para momentos así. Los íconos indicaban que no tenía señal. Qué inoportuno. No me quedó otra opción que sentarme en un cantero a esperar. Fue en ese momento que se me acercó por primera vez. Me preguntó si me aburría, y yo asentí con la cabeza. Me hizo reir con cualquier estupidez, y después se puso más serio para empezar a preguntarme cosas personales. Parecía una conversación de sordomudos. "¿Querés cruzar a la playa mejor?" me preguntó, a los gritos para que lo escuchara. No me podía negar. No quería dejar de hablar con él.
Atravesamos todo el boliche, él delante mío y arrastrándome de la mano. En el camino crucé a una de las chicas y le avisé que iba a la playa, que me buscaran allá. Era una suerte que estuviera sólo a una calle de distancia. No pude evitar sacarme los zapatos altos para bajar casi corriendo por los médanos. Una vez que escapamos de todo el ruido, supe que se llamaba Hernán. Nos sentamos a metros de la orilla del mar. Faltaba un rato para que amaneciera. 
Hablamos todo lo que no habíamos podido escuchar antes, con el mar como único sonido de fondo. Nos acostamos en la arena a ver el cielo, y cada tanto la conversación era interrumpida por el silencio. A veces me miraba a los ojos y me hacía ver su alma. Pero también me recordaba que había otro alma al que en ese momento pertenecía. Entonces le sacaba la mirada de encima y retomaba la charla con cualquier tema. Me gustaba cómo me hacía reir, cuán cómoda me sentía al lado suyo y lo rápido que podía saber tanto de mí. Y lo mejor es que era mutuo, y yo lo sabía bien. Me asustaba tanta atracción.
El naranja empezaba a desplazar el azul opaco del cielo, y se asomaba el primer rayo de sol. Nos sentamos a ver el amanecer sin dejar de hablar de todo un poco. El clima de tranquilidad se acercaba a su fin. Hernán me miró de una forma diferente y se acercó a mí despacio. Estaba a muy pocos centímetros de mi boca cuando lo paré, y ahí se rompió nuestra comodidad. Le dije que no podía. Que tenía novio y no quería traicionarlo. Él lo entendió.
Al día siguiente me quedé pensando en lo perfecto que había sido todo. Me desesperaba haber rozado el borde de lastimar a mi novio, la actitud que había salido de mí y no había decidido tener. Necesitaba hablar con él, sentir que nada había cambiado y confirmarme que no quería a otra persona, ni la necesitaba. Realmente tenía dudas.
Inventé excusas baratas para volverme antes de tiempo a casa. Mis amigas se enojaron. Pero yo me estabilicé gracias a esa decisión.

17 de agosto de 2016

Día 1: ¿por qué escribís?

Cada fragmento del mundo es inspiración. Detrás de cualquier trozo del día a día, hay siempre una historia por contar. Yo no lo decido, simplemente sucede. En mi mente las palabras brotan como si fueran burbujas en el agua hirviendo. La inspiración es casi la misma llama viva que lo enciende todo, que se expande y provoca inestabilidad, movimiento imparable, imposible de evitar. Y entonces, ¡bum! Estalla la ebullición, y así también las palabras. Se vuelcan con fluidez, no importa dónde, si quedan encerradas en mi cabeza, saltando por todas partes, en un teclado fugazmente recorrido, o en un papel trazado por la tinta, lo clásico. Lo importante es que nadie lo entiende más que el escritor, que guarda el secreto del éxtasis que otro no sintió.
Escribo porque me nace, porque automáticamente a cada segundo creo sin parar ficciones y las aparto en un mundo al que nadie puede acceder excepto yo. Escribo porque, de no hacerlo, moriría.

15 de agosto de 2016

Hoy por primera vez pisé una iglesia porque sentía esa urgencia. No por tradición. No por obligación. No por ética.

Quizá porque necesito contención, porque quiero tener fe en algo. Tal vez porque estoy dejando de creer en muchas cosas.

Mi angustia del momento casi me arrastró hacia dentro. Pero una vez ahí, no supe qué hacer. Sólo me senté a pensar.

Me corrompió esa necesidad de sensación de protección, compañía y amor. De ser amada.

Recordé cuando estando alcoholizada me cuidaba, con muy mala onda se obligaba a ello. Y no lo extraño, porque él no es lo que necesito. Pero sí una persona que esté ahí para mí.

Y hoy sentí la ausencia cuando vine sola, alcoholizada y todo, le pagué al taxista y vine a casa a cambiarme y buscar la forma de sentirme mejor yo sola, sin entender casi nada y tambaleándome.

No sé si me duele. Pero sé cuánto me gustaba estar en pareja y el amor en sí. Y me molesta saber que no era real.

12 de agosto de 2016

No estoy lista. Aunque quiera.

No puedo dar chances a nadie. Aún no.

Ya no voy a volver contigo

Hoy me decepcionaste. Creí que nos conocíamos, creí que nos queríamos y respetábamos a pesar de todo...

...pero entendí que la única pelotuda que sentía eso era yo.

No me importaba nuestro vínculo, no dejabas de ser una persona que aprecio y a la que no quiero lastimar.

Vos, en cambio, recurriste a todos los medios por los que me podías molestar, de la manera más dolorosa. No sé si con motivo de herirme, por tu superficial interés sexual, o por ambas. Ya no importa porque lo que fuese ya me afectó y desilusionó de vos. Me hiciste entender el significado de la frase "conoces a las personas cuando se alejan de ti".

Hoy conocí la otra parte de vos. No la heroica. No la leal. No la infalible. La parte infiel ya la conocía.
Hoy descubrí tu fase traicionera.

Lo fuiste todo.

Al principio, recortábamos pedazos de cielo opaco para reservarnos el brillo de algunas estrellas que enfrentábamos recostados sobre el suelo del patio. Mientras tanto, la casa en silencio a nuestro alrededor. Tu mente brillaba con los puntos en la cúpula azul. Eras un diamante que me moría por descubrir. Y la mejor parte era cómo bailaba con vos la mía, cómo tu corazón sintonizaba con el ritmo del mío. Y las pieles erizadas, y vos siendo mi otra mitad. Palpitábamos un aire cálido que no queríamos dejar de compartir. Separarnos un par de horas era gris; acostarme con tu sonrisa como imagen al cerrar los ojos me hacía dormir. Quería compartirlo todo con vos porque jamás nos faltaría tema de conversación, porque entendías lo que yo misma no entendía de mí.

¿Cuándo terminó todo eso? No me di cuenta. Reemplazamos la profundidad de nuestras charlas con discusiones sin sentido, y dejamos de hurgar en el alma del otro.
Nos desconocimos.

Perdimos el juego...

10 de agosto de 2016

Lo fuiste todo.

Al principio, recortábamos pedazos de cielo opaco para reservarnos el brillo de algunas estrellas que enfrentábamos recostados sobre el suelo del patio. Mientras tanto, la casa en silencio a nuestro alrededor. Tu mente brillaba con los puntos en la cúpula azul. Eras un diamante que me moría por descubrir. Y la mejor parte era cómo bailaba con vos la mía, cómo tu corazón sintonizaba con el ritmo del mío. Y las pieles erizadas, y vos siendo mi otra mitad. Palpitábamos un aire cálido que no queríamos dejar de compartir. Separarnos un par de horas era gris; acostarme con tu sonrisa como imagen al cerrar los ojos me hacía dormir. Quería compartirlo todo con vos porque jamás nos faltaría tema de conversación, porque entendías lo que yo misma no entendía de mí.

¿Cuándo terminó todo eso? No me di cuenta. Reemplazamos la profundidad de nuestras charlas con discusiones sin sentido, y dejamos de hurgar en el alma del otro.
Nos desconocimos.

Perdimos el juego...